“Los temas ambientales son cuestiones económicas, no se puede lograr un desarrollo sustentable sin superar la pobreza, hay que llegar a lograr una armonía entre la producción y el medioambiente.” “Es necesaria y urgente una revolución mental, ahora hay que buscar nuevos modelos de producción y de consumo, y mejorar las relaciones de la sociedad con la naturaleza, y de los hombres entre sí.”

Yolanda Ortiz es un personaje poco conocido en la historia Argentina, cuyo rol cobra hoy, en retrospectiva, una gran importancia para el análisis histórico de la cuestión ambiental y su relación con el desarrollo económico en nuestro país.

Nacida en Tucumán en 1924, estudió la carrera de Ciencias Químicas en Buenos Aires y en la década de los sesenta se dedicó a estudiar Toxicología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Fue así como obtuvo una beca en La Sorbona, en Francia, donde permaneció hasta finales de la década, experimentando de primera mano el Mayo del ´68. Si bien Yolanda simpatizaba con las posiciones de la democracia cristiana -sobre todo la de Chile-, en 1973 fue convocada por Perón para ser la primera secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano de Argentina y de Latinoamérica. En tal sentido, no sólo fue pionera en su función a la cabeza de la primera institución de gobierno en materia ambiental en el país, sino que además era la única funcionaria mujer en el gabinete de gobierno.

Su trayectoria muestra a las claras que Yolanda fue precursora en el abordaje de la cuestión ambiental desde la gestión del Estado y pionera en la función pública en la Secretaría de Ambiente. De esta manera, la Argentina se acoplaba a la ola de países de vanguardia en la creación de las primeras instituciones ambientales a lo largo del mundo. Cabe aclarar que la Secretaría Ambiental Británica, primera institución de gobierno en lo referido ambiente, data de 1970, mientras que la más conocida, la Environmental Protection Agency estadounidense, fue creada en 1972. A su vez, en el Congreso Nacional fue creada una comisión ambiental en cada cámara y varios proyectos de ley fueron formulados con la participación activa de la nueva secretaría. 

Un dato no menor es que la Secretaría encabezada por Yolanda fue integrada en la estructura del Ministerio de Economía, dependiente de José Ber Gelbard, y quedaron bajo su órbita las hasta entonces Secretarias de Recursos Hídricos, Recursos Renovables y Minería. La articulación del abordaje ambiental se mostró como clave en el desarrollo de lo que hoy denominamos una economía sustentable, pero no sin una fuerte resistencia por parte del establishment político y empresario.

El acercamiento de Yolanda Ortiz a la cuestión del ambiente se corresponde con el punto de inflexión en el abordaje de la cuestión ambiental, esto es, el paso de un ecologismo centrado en la conservación de especies animales y vegetales, como una situación externa al hombre, a una visión integral del ambiente como medio en el que se inscribe y existe el ser humano en su forma organizativa: las sociedades.

Su temprana atención en lo social y su posterior interés por lo ambiental, llevaron a Yolanda a desarrollar un abordaje -y su consecuente conceptualización- en materia ambiental, íntimamente ligado a la doctrina de la justicia social. Comenzó su labor estudiando las condiciones de trabajo de los obreros: “(…) porque no había nadie que controlara eso. Siempre ganaba la patronal, y lo que yo buscaba era que los trabajadores tuvieran un ambiente digno de trabajo. Pero me reconcilié con la química cuando vi que podía desarrollar mi costado social, de ocuparme de los ambientes insalubres de los obreros, por ejemplo. Ahí me empezó a gustar mucho más y me abrió a todo el tema de la contaminación, del modelo de producción equivocado que se había seguido, que estaba demostrando su fracaso porque destruía la naturaleza y el tejido social”.

Las iniciativas de la secretaria y su abordaje integracionista de lo que más tarde denominó el “paradigma de la complejidad”, tuvieron una fuerte resistencia en todos los estamentos de gobierno. Su visión estratégica de la gestión de los recursos naturales chocaba abiertamente con la visión economicista de algunos funcionarios del gobierno, que consideraban que medidas de ese tipo frenaban el desarrollo de la sociedad.

Si bien su experiencia al frente de la Secretaría fue corta, Yolanda logró llevar a cabo algunas políticas públicas casi impensadas para la época. Lo primero que hizo fue un convenio con el Ministerio de Educación –en manos de Jorge Taiana padre-, ya que consideraba que la educación y la capacitación eran el componente de mayor peso estratégico en vistas a cambiar los hábitos y la visión de desarrollo que reinaba en la época. Otra decisión precursora, y que hasta el día de hoy encuentra espacios vacíos en materia de legislación, fue la obligatoriedad para habilitación de las empresas de demostrar un plan de gestión de sus residuos. En palabras de Yolanda: “Nosotros planteamos que no era posible que las empresas no considerasen el ambiente: si se llevaban las ganancias, no podían dejar arruinado el ambiente de donde sacaban las materias primas. Entonces, prohibimos dar la habilitación a una empresa si no decía qué hacía con sus desechos y sus efluentes. Ya la gente de Economía, de donde dependíamos nosotros, estaba muy enojada con Medioambiente porque decía que frenábamos el desarrollo. Desde el principio hubo problemas en reconocer la incorporación de lo ambiental en la administración del gobierno. Trabajamos con una perspectiva interdisciplinaria, tomando la cuestión rural, lo urbano, la salud, la migración de las poblaciones a las grandes ciudades y los problemas de cada región”.

Todas las instituciones, iniciativas, proyectos y potencialidades que este movimiento generó al interior del Estado a principios de los años 70 quedaron truncos con la llegada del golpe militar de 1976, que se encargó de desmantelar esta construcción bajo el marco interpretativo que asociaba al ambientalismo con el panteón de ideologías “subversivas”. Así, a la muerte de Perón, López Rega sugirió a Ortiz el traspaso de la Secretaría a la órbita de Bienestar Social. Su negativa a tal sugerencia la llevó finalmente, y tras el derrocamiento de Isabel Perón, al exilio en Venezuela, donde trabajó en la Universidad Simón Bolívar.​ Permaneció allí por seis años.

Su retorno al país la encontró inquieta y armada de nuevas herramientas. Así, fundó la organización no gubernamental “Centro Ambiental Argentino – CAMBIAR”, desde donde trabajó incansablemente bajo los ejes que construyó y desarrolló durante su paso por la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano: visión integral del ambiente y el desarrollo económico, con especial hincapié en la educación ambiental. Respecto a esta cuestión, de forma retrospectiva, Ortiz señala en una entrevista de 2009 que: “En la Argentina, aquel intento de Perón por darle al problema ambiental la máxima prioridad no fue comprendido por la sociedad. Después vino la dictadura, y es recién ahora que el tema ambiental se ha instalado con más fuerza. Pero tampoco hoy se ha instalado de la mejor manera: el tema figura pero aparece el medio ambiente como negocio o como conflicto. Los políticos no terminan de entender al mensaje ambiental; (…) no es estar en contestatarios, ni tampoco en el conflicto, sino dar respuestas.”

Yolanda fue, además, asesora ad honorem en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA).

Falleció a los 94 años de edad en la Ciudad de Buenos Aires el 22 de junio de 2019. La recordamos como el faro que alumbró, por primera vez en nuestro país, el camino a un sistema de producción sustentable en línea con la igualdad social.